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17 de diciembre de 2015

EL SUPERHEAT



                               Planteamiento 

   Los dioses estaban hoy en Hawai, en Pipe. Si no, yo no podría explicarme lo que ha sucedido en la manga 2 de la ronda 4, última y decisiva prueba del circuito mundial de surf 2015.
       La divina intervención ha propiciado, sin duda, que se cruzaran en ese heat tres surfistas que ya son leyendas del surf: Slater, un veterano que, últimamente, parece haber perdido sus principales cualidades, la regularidad y la seguridad en cada ola, pero que sigue siendo alguien increíble, cuando la ola es increíble como en Pipe; Fanning, el australiano que para mí va a ser el próximo campeón del mundo dentro de unas horas, extraordinario profesional del surf y que ya figura en el Olimpo de los dioses de este deporte, aunque todavía sea leyenda viva; y, por si ellos dos no bastasen, el rey hawaiano de Pipeline, el que quizás domine mejor esta ola entre los mejores surfistas mundiales máxime teniendo en cuenta su juventud (23), JJ Florence; él no ha tenido un buen año, dos eventos lesionado le han restado posibilidades, pero aquí al menos quiere revalidar su mito de Mister Pipe.
       Comienza la manga y ellos tres empiezan a coger fantásticas olas, casi sin un  fallo. Hay que darse cuenta de la enorme exigencia de los jueces cuando, bajar y correr una ola de 4 o 5 metros con la terrible pared de Pipe, el coral a metro y medio por debajo de sus pies, tan solo puede puntuar un mísero1.5, ya que faltó el tubo, maniobra clásica e indispensable aquí. Los tubos medianos son de 4 a 6 puntos y para los nueves hay que arrancar primero un rugido del público que abarrota la playa. Y ellos tres, sin embargo, lo consiguen, uno tras otro, alternándose emocionantemente en la cabeza de la prueba. Hoy, con la marejada que entra, cuenta de sobremanera la elección de la ola, no vale cualquiera por grande o vertical que sea la pared, sino que tiene que romper de una manera determinada garantizando un buen tubo: muy difícil el saberlo cuando aun está a treinta o cuarenta metros y hay que decidirse, y eso sin tener en cuenta si posees o no la prioridad. En realidad en la ronda 4 solo se juegan cuáles dos surfistas de cada manga entran en la repesca de la ronda 5, por lo que hasta pienso que por sus cabezas ronda la tentación de evitar la victoria para disfrutar una vez más de un Pipe majestuoso, potente y agresivo, con solo un par de colegas. Algo, vamos, imposible hoy en día en la ola reina del North Shore de la isla de Oahu.
             Quedan 2 minutos y JJ Florence es tercero, se ha rendido ya prácticamente a pesar de sumar más de 15 puntos y ostentar la ola mejor puntuada de la manga, un 9.83, aunque en verdad todo es posible todavía. Porque va delante Fanning pero Slater, que necesita un 9.43 para ganar, se lanza a un imposible backdoor (la derecha de esta ola), tan difícil, tan vertical, que a media bajada la tabla se sale de la ola, se queda totalmente en el aire y cae incontrolada hasta aterrizar milagrosamente de nuevo en el agua (¿o es que la cabalga Slater?) un par de metros más abajo. Y luego un tubo que se va a cerrar, pero no para Kelly, que sale mezclado con el enorme resoplido de espuma, en aparente meditación: la cabeza inclinada sobre el pecho, las manos cogidas a la espalda pero el cuerpo erguido, como si fuera pensando en cualquier otra cosa y no en aquellos cuatro metros de toneladas de agua que, en forma de mandíbulas, le saltan a centímetros de su cabeza. Postura clásica de indiferencia, muy utilizada por los antiguos surfistas que demostraban así que ellos nunca se dejaban intimidar por las bravatas del monstruo de las fauces verdosas. Y aun así no llega ni siquiera al 9, "solo" 8.30
          El publico cae en el delirio a estas alturas, estoy absolutamente seguro que ésta ha sido la mejor manga de todo el 2015. desde Australia a Hawai.
          Filipe Toledo se ha quedado atrás ya en la ronda tres, tal como preveía, ya que en estas olas no es surfista seguro, puede coger un tubo asombroso, por supuesto, pero no es difícil que espere demasiado por olas menos amenazadoras (y hoy eran raras las olas amables), y eso te pasa factura en el escaso tiempo de una manga. Y Gabrielito Medina, que no depende solo de sí mismo, ve que sus rivales para el campeonato del mundo van pasando rondas, y él se queda sin munición. Fanning y De Souza están ya en cuartos y respecto a Mick tendría que quedarse éste en cuartos y ganar Gabriel el Pipe, para ser Campeón del Mundo el brasileño por la mínima diferencia. Respecto a Souza o Mick, ganará el que mejor se clasifique, en el momento que uno quede eliminado se queda fuera del título mundial.
         Pero una novedad que no esperábamos, Kelly quiere retirarse ganando en Pipe, y camina en esa dirección, ya que acaba de pasar a cuartos y está muy fuerte hoy, según se vio en la ronda 5. Y Florence, agotado sin duda por su enfrentamiento en el Superheat se ha desinflado y ha sido apeado también en ronda 5 por otro excampeón del mundo, Hobgood.
         Creo que Fanning, con permiso de Slater, será campeón de Pipeline 2015. Lo tiene más complicado que lograr el propio campeonato del Mundo. Todo también con permiso de otro tapado, Souza, por cierto, otro de los grandes profesionales del Circuito. Así está hoy en donde está.
         Son las 2.54 a.m. y, faltando una manga de ronda 5, se van a dormir todos, en Hawai uno se duerme pronto para despertar muy temprano, que las olas son mejores de madrugada.
         Y veo con sorpresa (no sé ya si es bueno o malo) que a Fanning le ha tocado con Slater.
          ¡Otro heat de la muerte!
          Buenas noches...ssszzzzzzzz

(CONTINUARÁ)




25 de noviembre de 2015

Llega el invierno a Doniños

                                                                          Doniños: ha llegado el invierno.                                                                                           
     Disfrutábamos de un otoño agradable, con agua a una temperatura que permitía, incluso, el 3/2 en un baño corto. Para ir a la playa todavía no desentonaban las bermudas y las chanclas del veranito, ya lejano, es verdad, pero que se quiso ir a finales de agosto y resultó que no nos ha dejado, en cierto modo, hasta la semana pasada.
     Pero tal como viene sucediendo con los cambios de estación últimamente, de pronto el viento se tornó frío, casi gélido, y las nubes, que hace días aun nos engañaban dejando filtrar el sol con timidez, taparon el cielo como si se hubiese corrido un oscuro techo de acero gris, opaco a la ya escasa fuerza del sol.
     Por eso, esta fotografía de Doniños en pleno mediodía es muy descriptiva, pienso yo. A nuestras espaldas está llegando del norte ese techo que nos cubrirá hasta que -allá por marzo si hay suerte- amanezca inesperadamente un buen día de sol y tal como llegó desaparezca, cargándonos de inmediato de optimismo primaveral y buenas temperaturas.
     Aunque de momento allá al fondo, hacia el sur, hacia donde van las golondrinas y otras aves que entienden mucho mejor que nosotros esto del invierno, vemos como se va escapando el sol, con toda su luz y su calor, pero eso sí, despidiéndose educadamente por unos meses, durante los que habrá que resistir su ausencia con resignación.
     Pero también es verdad que siempre nos quedará la playa Cristina, allá por la parroquia de Lago, en la que las fieras olas del atlántico invernal se vuelven amables y nos permiten seguir disfrutando del surf.

15 de octubre de 2015

RESPETAD LA NATURALEZA, POR FAVOR, NO TENEMOS OTRA.


¿Cómo se puede manchar de esta forma la Naturaleza?
              Hace unos días dimos un paseo por uno de los parajes naturales más hermosos que existen en los alrededores de Ferrol, un bosque de especies arbóreas autóctonas que está en una colina sobre la Villa de Neda. Uno de los -cada vez más escasos- bosques, de los de verdad, sin eucaliptos. En él habitan animales de cierta envergadura, como pueden ser corzos y jabalíes. Y ardillas, buhos, zorros, porcoespines... Lo curioso es que está bastante rodeado de viviendas, aunque muchas están vacías gran parte del año, lo que proporciona la tranquilidad necesaria a estos animales para moverse por ese tupido bosque aunque, a pesar de todo, durante las horas de luz suelen estar escondidos, saliendo solo al anochecer a buscar alimento. El caso es que cada vez se acercan más a las zonas habitadas, pero no siempre son bien recibidos, como es el caso de los jabalíes.
               Resulta maravilloso pasear por entre esta masa de árboles, y no dudas en pensar que sería magnífico que siguiese conservándose tal como está.
              Pues bien, en la fotografía que acompaño se puede ver la paradójica aportación del ser humano, de la raza inteligente (el "rey" de la Creación, nos denominamos a nosotros mismos) a tanta belleza natural.
              ¿Cómo es posible? Pues ya veis... Así pude contemplar ese día como estaba una zona de ese bosque tan maravilloso...gracias al "regalo" de algunos desaprensivos,
              Lo desgraciado del caso es que este penoso espectáculo es más frecuente de lo que debería ser. A pesar de las insistentes limpiezas que suelen efectuar los Ayuntamientos en sus respectivos territorios. A pesar de la implantación, en los municipios, de los "Puntos Limpios", de los que otro día hablaremos.
                                 
Sin comentarios...




9 de octubre de 2015

La quilla de piedra

             Esta tarde tocó enfrentarse a las olas de O Vilar. Aunque era marea alta, el oleaje era de un metro y traía fuerza.
              Cuando entré al agua (3,00 p.m.), un grupo de franceses surfeaba disfrutando un montón. Como los gabachos tienen presupuesto, disponían de un dron -manejado desde tierra por un colega- que parecía sacado de un cuartel de la CIA. Ocho motores atronando sobre mi cabeza (a dos metros, ¡joder que ruido hacía!) con lucecitas rojas añadidas, se encargaban de sostener una cámara que les grabó toda la sesión, incluída alguna ola mía (era el único local en aquel momento).
              Al salir del agua, en la arena, vi una curiosa piedra, de esas que te dan ganas de llevártela para casa. Pero me conformé con sacarle una foto. Era como si alguien hubiese perdido una quilla en la playa y, con el tiempo, se hubiese transformado en piedra. ¿Verdad que lo parece? Bueno, a mí sí, por lo menos...


29 de septiembre de 2015

ARMA LETAL, ¡CUIDADO!



Mi querido amigo, colega en varias aficiones y vecino de blog, Jesús Busto, ha dado en el clavo en sus consideraciones acerca de un tema que, personalmente, también siempre me ha chocado: ¿por qué el nose de las tablas es puntiagudo? (pero que muy puntiagudo, en ocasiones)
Cuando uno se sube por vez primera a una tabla es fácil justificar esa forma que nos precede en el agua. Es muy bonita y parece que corta el agua mejor.
La proa de las embarcaciones siempre ha sido más o menos así, desde que existen.
Pero el funcionamiento de una tabla de surf es otra cosa. El nose (la proa de las tablas de surf) en la práctica, nunca le toca romper el agua. Remando sobre ella, sobresale ligeramente de la superficie. Cuando cogemos la ola, se eleva aun más en el aire. Y cuando aterriza tras el take off, la propia presión de la panza de la tabla, le impide tocar el agua.
Dicho esto, ¿que tiene de negativo?: mucho. Es un arma peligrosa contra el surfer que la maneja.
Habla Jesús de un caso lamentable en el que un surfista se quedó con un globo ocular en su mano, tras un golpe contra la punta. Pero es que hay más casos, en concreto el de un surfista vasco afincado en Tenerife desde hace muchos años, que recuerdo que me impresionó lo que me contaron que le había sucedido, cuando en una maniobra de tres 60, en la que colocó la tabla vertical durante el giro, ésta se escapó de sus pies clavándosele en el ojo y provocando el mismo accidente que Jesús describe en su blog. A este surfista, por cierto, lo podemos ver en una entrevista de la película "Mi primera ola", que tan exitosamente se ha estrenado en Galicia hace un par de meses.
Pero también he presenciado accidentes menores, como el de otro surfer, éste ferrolano, que en una ocasión se clavó la punta en plena cara, causándole un agujero que le traspasó totalmente hasta el interior de la cavidad bucal.
Y otro local de Valdoviño que luce, tal que herida de guerra, otra cicatriz en plena cara por la misma causa.
Y yo mismo, tengo un pequeño recuerdo cerca de mi ojo izquierdo provocado en una ocasión en que saqué la cabeza del agua, después de una caída, demasiado pronto. Y reconozco que tuve suerte y, de momento, la voy teniendo (toco madera).
No hace mucho hablé en este blog de las lesiones en el surf y mencioné otra arma letal que llevan las tablas, y son las quillas, especialmente las recién fabricadas. Su canto interior, lijado extremadamente, corta como una navaja bien afilada y aquí ya son múltiples los accidentes de los que soy testigo.
¿Qué nos queda, pues, dejar el surf, o comportarnos como héroes sin que nos afecten estos "peligros"?
En absoluto. Lo de las quillas ya daba yo una fácil solución en mi entrada del blog. Simplemente pasarle una lija media por el canto y hacer en dos minutos la tarea que suele llevar meses si no le hacemos esto: quitarle a la quilla su filo peligroso. Pasas la mano y enseguida notas si ya ha perdido ese canto cortante. Y la quilla no pierde nada de sus cualidades, ya que estamos hablando de menos de medio milímetro, como anchura suficiente para que no sea peligrosa.
En cuanto al nose, como no te vas a condicionar por él si ves una tabla que te gusta, es simplemente utilizar una protección de goma, que lo vuele inofensivo, aunque estas protecciones solo valen para puntas afiladas, y resulta que las no lo están tanto, siguen ofreciendo peligro. Son como la que enseña Jesús en su blog, una punta media.
Y sucede además que a muchos jóvenes surfistas les parece de "mariquitas" llevar esta protección. Cosas de la juventud, qué le vamos a hacer.
Lástima, porque un simple recorte de unos milímetros hubiese bastado para redondearla. Pero los fabricantes saben que, a los clientes potenciales, les gusta la estética de las tablas puntiagudas, aunque solo sirvan para partirte la cara, en el mejor de los casos en que te des contra ella.
Y, en mi caso, no me critiquéis cuando veais el nose que yo me gasto...

18 de septiembre de 2015

EL TORO DE LA VEGA

Foto Pag Web Occupyforanimals
          Estoy estupefacto que todo un ministro de España (el de Justicia, además) sea capaz de decir públicamente, para justificar la polémica del “Toro de la Vega”, que “responde a una tradición cultural” ¿Se tratará de alguna retorcida estrategia para potenciar “la marca España”?
Hoy leía en algún sitio que para compensar el daño que está causando esta fiesta de ese pueblo de Valladolid en nuestro prestigio internacional, necesitaríamos diez premios nobel. Quizás sea algo exagerado. O quizás no.
Vamos a ver: tradición, reconozco que sí que lo es. Ha sido el argumento más esgrimido por los habitantes de Tordesillas a los que se ha entrevistado. Cinco siglos. Gran tradición, sí señor.
Pero hace quinientos años el mundo, la sociedad, eran muy diferentes a lo que es hoy en día. De hecho parece ser que en aquellos tiempos otra de las “divertidas” actividades era la de despeñar ganado vacuno al río. Menos mal que esa “tradición” parece que se ha perdido...

Foto Pacma Handou
La evolución del ser humano nos ha llevado a comprender que los animales, esos compañeros de viaje que tenemos en nuestro paso por la vida, se merecen un trato mucho más digno del que les hemos dado hasta ahora. Son seres que sufren, no solo físicamente, sino también anímicamente. Tienen sentimientos de cariño, sumisión, odio..., de eso no cabe la menor duda. Si se sienten bajo nuestra tutela son fieles hasta la muerte, y no dudan en dar su vida si es necesario por sus amos, ya que para ellos somos algo así como sus protectores, sus padres, los jefes de la manada. Así es como piensan los animales de nosotros, ya que esa es su lógica aunque sea muy elemental. Y por ello confían ciegamente en nosotros y tenemos la obligación de tratarlos con la dignidad que se merecen como seres que están a nuestro cargo.
Por otra parte están los animales salvajes, sin relación con el ser humano más que como un habitante más de este planeta -con todas las consecuencias que esto significa-, que tienen el derecho a ser respetados, en especial si no nos causan ningún perjuicio, o si no son vitalmente necesarios para nuestra alimentación y subsistencia. Y no nos olvidemos de que esto último puede ser en ambas direcciones. Nosotros nos vamos a defender en ese caso, como es lógico, y ellos, como no, también.
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Somos (?) los reyes de la Creación, pero eso comporta derechos y obligaciones, y una de ellas es la de cuidar del legado de la Naturaleza; una de sus joyas por ejemplo, los animales. Matarlos cruelmente por diversión no parece la mejor manera de cumplir con esas obligaciones, ¿verdad?

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        Hace muchos años tuve la suerte de ver un documental en el cine titulado “Mondo cane” (Perro mundo). En aquella época, en la que no existía You Tube (lo juro) ver un documental como éste era una rareza (creo que fue el primero en formato de largometraje) y nos impresionó muchísimo, ya que en él se trataban diversos temas que, especialmente a las personas de la civilización occidental, nos chocaban bastante. Extrañas costumbres, ritos ancestrales muy curiosos y, por supuesto, secuencias muy duras acerca de la relación del hombre con los animales. Y a eso me voy a referir, ya que creo que fue la primera vez que tuve conciencia de lo que podía significar el maltrato a un animal.
La película comienza ya con una de las secuencias más espeluznantes. Es corta, apenas dura un minuto. Un perro pequeño, de pelaje blanco y negro, con aspecto de no ser muy capaz de defenderse, es arrastrado por una correa a lo largo del pasillo de una perrera en la que una jauría de perros ladran enfurecidos... y hambrientos. El pobre  chucho se retuerce, se resiste, presiente que se dirige al corredor de la muerte y que la decena de perros que esperan al otro lado de la verja quieren descuartizarlo. Su instinto está suficientemente desarrollado para intuir ese peligro inminente. Suena una voz que nos advierte que “las escenas que verán en esta película son verídicas” y que “si son a menudo impactantes, es porque existen muchísimas cosas impactantes en la Tierra”. El hombre abre la jaula y mete al perro a patadas, y la jauría se lanza sobre él. La imagen desaparece de la pantalla con un fundido a negro.
¿Tradición cultural, también?




14 de septiembre de 2015

LAS MENINAS DE CANIDO




        Este “post” me parece un obligación para cualquier persona que cumpla tres condiciones: tener un blog, vivir en Ferrol y apreciar debidamente la cultura.
Llevaba tiempo preguntándome el porqué del éxito de las Meninas. Y atisbaba sus razones, pero aun no conseguía entenderlo bien. Ese fenómeno tan peculiar, tan singular.

Mucho colorido y motivos pictóricos variados
Y quizás no sea “éxito” la palabra adecuada para definirlo. Más bien es “triunfo”. El triunfo del arte, de la cultura, de lograr belleza en donde solo veíamos fealdad, y del amor, amor por el barrio en el que vives.
He caminado por sus humildes callejuelas, en las que sencillos edificios primorosamente cuidados se alternan con otros totalmente en ruinas. Curioseando por aquí, o por allá, me he deleitado con las obras de muchos artistas de todos los calibres que han puesto todo su corazón en un trozo de aquellas paredes casi en ruinas, consiguiendo que su fealdad se convierta en un hermoso lienzo, como si por allí hubiese pasado un ángel.

Originalidad, muchas veces, en el tratamiento de los temas
Otra lección que recibimos los visitantes es que estas obras, algún día, irremediablemente desaparecerán. Su pintura queda obligada a pagar un tributo al inevitable paso del tiempo. Porque también nos recuerda que su trabajo será tan efímero como el propio pintor, al que de antemano ya sabemos que, incluso, no le va a sobrevivir.
Esas casas, bonitos ejemplos muchas de ellas de una arquitectura tradicional en las que se demuestra además que una mano amorosa de pintura puede hacer milagros, se alternan con otras en las que la decadencia es toda una razón para subsistir, para realzar el llamativo contraste con las anteriores.
Esta originalidad, cuando se une a la genialidad, da verdaderas obras de arte mural callejero.
Eduardo Hermida, el acertado promotor de esta idea, nos ha demostrado que el ser humano es capaz de insuflar alma en cosas inanimadas solo con el soplo suave de un pincel plagado de colores. Cómo de la humildad de unas tristes paredes despintadas de despreciable apariencia, solo con amor (y un poco de pintura y unos pinceles) puede nacer el noble orgullo de la la propia superación. Cómo -en definitiva- uno debe aprender a superar la adversidad, y que siempre es posible mejorar si nos lo proponemos.

No falta el surrealismo

Esta imagen, que a mí me pareció agradable, ha sufrido el vandalismo de algún enemigo, bien del autor, de la obra, o del arte. Me dio mucha pena. 

La originalidad y la genialidad aquí se subliman. Aunque no lo parezca, ésta también es una "menina". Pero hay que fijarse bien...

Cuando la gente de este barrio humilde ha comprendido esta magnífica lección de Eduardo, es cuando “las Meninas” han logrado su principal objetivo, su éxito maravilloso y multicolor. Pero no fue fácil, como el propio Hermida reconoce.


¿Nos morderá?

El colorido, casi siempre, regocija la vista y da la alegría que necesitamos.


















27 de agosto de 2015

EN SAN XURXO SIGUEN LAS DIFICULTADES

Ya en abril pasado, cuando fue tomada esta fotografía, se podía distinguir el banco de arena que provoca el problema. Es una formación arenosa muy habitual en esta playa, pero quizás no tan larga y, sobre todo, tan poco profunda y con una dirección tan clara hacia el acantilado, que está justo a la izquierda, fuera de la foto. En el extremo más alejado de este banco hay otra corriente fija que sale recta mar adentro.

          Lo que parecía un episodio puntual se está transformando en una historia por capítulos.
           Cuando, a raiz del complicado rescate de un surfista en plena corriente, publiqué en el blog la explicación de por qué las aguas se mueven en este sitio como lo hacen (la zona del extremo sur de la playa), no me imaginé que en tan pocos días (tres semanas) se iban a repetir otros rescates de surfistas:
          2º rescate) El viernes 7 de agosto hubo que rescatar a un buceador madrileño que estaba en apuros en el canal, ya que no era capaz de volver a la playa. Sin embargo, ese día, apenas había oleaje.
          3er. rescate) Justo una semana después, el 14 de agosto, un surfista de 51 años tuvo que ser rescatado, también el canal.
         4º rescate) La semana siguiente, de nuevo en la corriente de San Xurxo. Esta vez se trató de una alemana de 31 años que hacía surf, con mala mar y por tanto en condiciones muy complicadas.
        También en esos días, antes del incidente con la alemana, se rescató con gran despliegue de los socorristas de la caseta de San Xurxo a un surfista de practicaba kite surf en el centro de la playa. Aunque se atribuyó el problema igualmente a las corrientes, las causas fueron otras. Ese día fue el del paso de la pequeña ciclogénesis que originó un  viento muy fuerte del sur, que en el centro de la playa de San Xurxo-Esmelle entra por tierra. Este surfista olvidó (o desconoce) uno de los principios básicos de la seguridad para wind y kite surfers, que es el de que nunca se debe surfear con vientos fuertes terrales, al menos si estás solo, ya que -en caso de rotura o fallo del material- volver a la orilla por tus propios medios soplando intensamente de tierra es muy complicado para hacerlo solo (salvo que renuncies a tu material y te atrevas a nadar hasta tierra).
        Si bien es cierto que es una playa muy divertida para este deporte, que en ocasiones produce unas olas estupendas, y que tiene una área con posibilidades de surfearla mucha gente sin concentraciones en un punto determinado, para surfistas desde nivel alto a muy bajo, también es verdad que estos surfistas veraniegos novatos o que desconocen la playa, se pueden llevar sorpresas desagradables cuando intentan acceder de nuevo a la orilla.
      Ya expliqué en el “post” del 7 de agosto cómo están funcionando en este momento esas corrientes, ya que ahora su mecánica y ubicación pueden impedir el retorno a la playa de la forma acostumbrada, que es remando a favor del oleaje. Esto sucede al menos en un área importante.
       Lo que si me gustaría dejar claro es que este funcionamiento no es radicalmente diferente del habitual sino que, en todo caso, ahora se ha acentuado.

                                                          LAS CAUSAS

       La primera barra de arena, en donde rompe la ola especialmente en marea baja o con olas grandes (a partir de dos/tres metros), es este año muy larga y con poca profundidad. Y a continuación hay otro banco alargado, a unos 50-100 metros de la playa (según esté la marea), también de poca profundidad, lo que provoca que el agua que transita por encima de estas barras de arena por efecto del oleaje se acumule cerca de la orilla, y tienda a salir por donde menos resistencia encuentra (el canal del acantilado), pero que es un paso más estrecho y por tanto lo hará con más fuerza y rapidez, y proporcionalmente a la intensidad del oleaje, como es lógico.
      Ayer martes (25 de agosto) después de surfear en San Xurxo, hice un pequeño experimento. Salí del agua por la desembocadura del río. Ya en la orilla, a diez/quince metros escasos de donde llegaban las olas, solté mi tabla. Normalmente, las espumas que iban llegando la hubiesen conducido a la orilla, sin más.  Pero ayer no sucedió. Por el contrario la tabla, flotando, empezó a moverse en dirección a la corriente del acantilado a velocidad creciente, hacia atrás y hacia las rocas. Si no la hubiese recogido de nuevo, habría terminado saliendo, sin duda, a mar abierto en cuestión de diez o quince minutos. Y hay que señalar que las olas tenían, en el centro de la playa, sobre medio metro, es decir, que era un día en el que no tendría que notarse ninguna corriente.
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       Finalmente, solo me queda agradecer la profesionalidad, conocimientos y paciencia de los socorristas de San Xurxo. Se han enfrentado a situaciones difíciles en estos casos que he comentado, y han sabido salir airosos y, por supuesto, sin que hubiese daños personales.
       Aunque es cierto que se espera que actúen así y se confía en en ellos, lo cierto es que en ocasiones las imprudencias o desconocimiento del mar, sobre todo de los forasteros y novatos, ponen al límite la prueba de sus capacidades.

23 de agosto de 2015

LA TERCERA GENERACIÓN

Foto ADN
Creo que estamos presenciando lo que se podría considerar ya la tercera generación de surfistas de nuestras costas. La forman, quizás, todos esos niños que aprenden en las numerosas escuelas que están instaladas en nuestras playas.
Ahora que estamos hablando con frecuencia de pioneros y otras antigüedades, contaré una pequeña anécdota relacionada con ese tema que me sucedió no hace mucho, una simple conversación de apenas veinte palabras, pero que me dio mucho que pensar.
Una de estas calurosas tardes, poco antes de que entrara la que ha sido la primera ciclogénesis de un invierno que, sin embargo, aun está muy lejos (a Dios gracias), fui a darme a última hora de la tarde uno de esos baños en Doniños en lo que lo primordial es la comunión con la naturaleza, es decir, con esa puesta de sol de tintes dorados traspasando las cristalinas crestas del oleaje y que nos produce alguno de esos placeres tan auténticos que encierra el surf.
Para alejarme de las multitudes, y sobre todo por no atravesar el arenal sorteando sombrillas,  hamacas y partidas de fútbol y de palas, bajé por el más tranquilo sendero central y entré al agua sin pensármelo mucho, ya que la marea alta y el poco tamaño apenas dejaban unas malas orilleras, de medio metro escaso.
Pero ya sabemos que a veces uno entra al agua no tanto por las olas, como por otras razones.
En el pico, poca gente, apenas diez surfistas de los que la mayoría simplemente trataban de aprender.
Entre ellos, un chiquillo de unos doce o trece años disfrutaba cogiendo cuanta ola venía, con una tabla de escuela que le daba la posibilidad de correrlas aunque midiesen treinta centímetros. En bermudas y abrigado -por decir algo- con una camiseta, no parecía importarle la temperatura del agua y Dios sabe cuanto tiempo llevaba surfeando esa tarde.
No le había prestado mucha atención hasta que remó hasta donde yo estaba y me hizo una pregunta: “¿Eres tú el que está pintado en la tabla?”. De pronto me di cuenta de que se refería al dibujo de mi rostro, en el reverso de la tabla. Un detalle gracioso por parte de los que me la regalaron, el día de mi despedida del que fue mi medio de vida durante muchos años. “Sí soy yo” le contesté con una sonrisa sincera, porque su curiosidad me resultó simpática. “A mí ya me parecía, ja, ja, sobre todo por el bigote”, me contestó risueño el chaval. Luego me planteó otra cuestión que despertó aun más mi interés por aquel chico. “¿Verdad que los viejos pueden hacer surf?; porque a mi me dijeron que no pueden, pero yo supongo que no es cierto, ¿tú que crees?”. Con una sonrisa amplia en los labios -como no podía ser de otra manera- le contesté con rotundidad: “Por supuesto que sí, claro que pueden” Y entonces vino una nueva pregunta:”¿Cuántos años llevas tú haciendo surf?” Mi sonrisa fue entonces una carcajada y sin responder a su curiosidad le interrogué yo a mi vez “¿Y tú cuantos llevas?” “Tres años” me respondió sin dudar.
Yo medité unos segundos si confesarle los 45 años que llevo surcando las olas, pero ante la posibilidad de que no me creyese, o de que fuera incapaz de abarcar la dimensión de semejante cantidad de años, decidí no contestarle nada.
Además, justo entonces vino una nueva ola, y el chaval determinó -educadamente- que mi ausencia de contestación zanjaba la charla por alguna razón de esas que solo los adultos conocen, y esgrimen para no contestar a indiscretas curiosidades infantiles, y se guardó su posible interés por mi experiencia en el surf.
Por eso, unos segundos después él ya gozaba de una pequeña cresta que acababa de llegar y que decidió no perderse, mientras seguramente pensaba que aquello del surf, que tanto disfrute le estaba proporcionando, le iba a durar toda una larga existencia sin que tuviese que ponerle límites temporales a un futuro de placer prácticamente inacabable.

7 de agosto de 2015

SAN XURXO Y SUS CORRIENTES

Las líneas rojas señalan la dirección de la resaca. Al ser una ola que suele formar una larga barra, el agua tiende a escapar por donde menos resistencia tiene, y es por el acantilado. Esta corriente favorece la llegada al pico, pero en días de mucho mar estas corrientes llegan a tener una velocidad de 3/4 nudos, demasiado para remar contra ella durante los 200 metros que hay hasta la orilla.
Hace unos días un surfista (supongo que alguien que no conoce bien esta playa), tuvo que ser ayudado a salir del agua, pues no era capaz de llegar a la arena. Un socorrista sufrió bastante (me imagino) para efectuar este rescate, pues finalmente hubo que elegir la única opción que parecía viable, hacerlo por las rocas. Esta salida del agua, a la desesperada, tiene una gran complicación, ya que además hay que remontar la empinada pared del monte, con la tabla a cuestas, aunque recuerdo un caso parecido en el que la tabla quedó en el agua y desapareció llevada por la corriente, mar adentro.
En San Xurxo, con mucho mar (tres metros o más), si bien es muy rápido entrar al pico por la corriente pegada al acantilado, es muy complicado volver desde el pico a la playa debido a las corrientes. Ese mismo día estuve viendo esa rompiente, y ya se percibía como la corriente era fortísima moviendose paralela a la orilla, hacia el acantilado, saliendo luego pegada a éste a mar abierto
La dificultad para el surfista surge cuando, situados en la zona habitual del pico (a unos escasos cien metros de la punta de rocas) o un poco más cerca de la orilla cogiendo el segundo pico de olas más pequeñas, pretendemos salir directamente hacia la playa, porque estamos cansados o simplemente decidimos salir del agua, y remamos rectos hacia la orilla. Porque a medio camino nos damos cuenta de que hay un grave problema, y es que la corriente nos está empujando hacia las rocas en donde después nos encontramos con otra corriente -más fuerte aún- que sale directamente hacia el mar pegada al acantilado. Por pura lógica, intentamos desviarnos remando hacia la izquierda, en dirección a la playa pero más abierto. Tarea inútil, la corriente nos empuja tozudamente cada vez más hacia nuestra derecha y pronto vemos que es imposible llegar a la arena. Solo queda una opción, mejor dicho dos: las rocas o volver al pico.
En este segundo caso (es lo más razonable, porque lo de las rocas ya hemos visto los riesgos que tiene) una vez llegados a la zona de rompiente (o por detrás de ella) hay que tratar de pasar al otro lado de la misma, para iniciar de nuevo la entrada a la playa, pero mucho más abiertos, con objeto de que al encontrarnos con la corriente que antes nos empujó lateralmente, ahora tengamos margen para llegar a la orilla antes de que nos lleve hasta las rocas. Pero eso sí, hay que remar fuerte, y es un largo recorrido.
En resumen, lo mejor es no meterse en esos días, ni siquiera en las olas más pequeñas que rompen más cerca de la playa: es una trampa porque sin darte cuenta la corriente te está situando cerca de las rocas y después te arrastrará al pico de fuera.